Es como cuando uno crece y controla su esfinter. No es que controlara mis impulsos sobre el teclado, pero vino de repente, casi sin sentirlo y de la nada: me sumergí de lleno en la vida tangible que me rodeaba. La misma pasión por la ciencia, el adecuatio, la aventura del pensar y los impulsos anarquistoides me separaron de la doctrina sociologista en la que retocé por un tiempo. Me despedí del mecanicismo y el comunismo, comí mierda trabajando para hindúes, me casé con el amor de mi vida que encontré en Facebook, la misma maravillosa mujer que me incitó a migrar mis constantes verborreas a Twitter, escuché a Fernando Delgadillo en vivo sin saber quién era, pasé el 13 Baktun en Chichicastenango, murieron mis Bonsáis a pesar del delicado cuidado de mi madre, leí mi primer y posiblemente último libro de Stephen King, compré una guitarra y un afinador eléctrico que deje abandonados arriba del ropero tras no poder tocar Badge de Cream, trabajé para una empresa que hizo el ridículo en su debut en la bolsa de valores, me mudé dos veces, viví la psicodelia de los 70's en una zona hipster de la ciudad, manejé a más de 130kph en una moto, mi esposa me leyó Cien Años de Soledad en voz alta y otras muchas experiencias que vienen tan inesperadas como la visita de un familiar lejano.
Y no, mi esposa no está embarazada. Todavía.
Bueno. 130 k/hr!!!
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